Amor invertebrado (otro poco más)

Ya hemos visto en otras entradas, en esta y en esta otra, sin ir más lejos, que la vida sexual de los invertebrados es un mundo irreverente en el que tiene cabida hasta la más peregrina de las estrategias para dejar descendencia. Desde apuñalamientos hasta viles chantajes, pasando por dardos narcóticos y penes espinosos, estos pequeños locuelos son una mina de diversidad en conducta sexual.

Y como en las anteriores historias, no se andan con chiquitas. El control mental de las hembras, el apareamiento aéreo o los regalos de mierda son algunas de las técnicas protagonistas esta vez.

La vida de zángano es dura.

Un zángano no ayuda mucho dentro de la colmena. Ni recolecta polen, ni fabrica miel, ni construye paredes, ni cría larvas, ni defiende territorio y cuando le piden ayuda para subir los muebles al piso de arriba lo que hace es coger un yogur de la nevera y comérselo mientras mira como trabaja el resto. Por no tener, no tiene ni aguijón. Son producto de huevos no fertilizados, y son outsiders por naturaleza. Lo que hacen es volar buscando reinas de otras colmenas para tratar de fecundarlas. Si tienen éxito, después del apareamiento —que sucede en pleno vuelo— el pene de zángano y el tejido abdominal al que va unido se desprenden del cuerpo del insecto y muere con una sonrisa en los labios. Bueno, en la trompa con lengua retráctil que tienen en lugar de labios. De esta manera, un zángano vivo nunca se ha apareado, haciendo inexistentes los chulos de playa que fardan de haber estado con muchas reinas. Los zánganos que no tienen éxito en su única misión en la vida son expulsados de la colmena en otoño. Pobres, pobres zánganos.

Las reinas, por su parte, pueden guardar el esperma secretado por varios zánganos de sucesivos encuentros aéreos para usos futuros. Ellas siempre son más listas.


Genitales desgarradores, los del zángano. Foto de Bartosz Kosiorek.


Los hipnotizadores.

La mosca de la fruta (Drosophila melanogaster) es una pequeña mosca muy utilizada en investigaciones sobre genética y fisiología por su corta esperanza de vida y por tener solo cuatro cromosomas. Pero a Kevin  —una joven mosca de la fruta lista para dar a conocer al mundo su juvenil lozanía— le da igual vivir de veinte días a tres meses como mucho, porque su fluido seminal contiene proteínas que controlan la conducta de la hembra que él elija. Su vecina Lucy está perdida si Kevin consigue intimar con ella después de un largo ritual, porque las proteínas del esperma de Kevin, además de alentar la producción de huevos, harán que Lucy se niegue a conocer a otros machos. Stan, que está enamorado de Lucy, espera que la carga espermática de Kevin no sea muy elevada, pues la relación entre la cantidad de fluido traspasado durante la reproducción y el tiempo de control conductual de la hembra ha sido comprobada.


Kevin y Lucy intimando bajo la atenta mirada del pobre Stan.


Una exuberante bola de mierda fresca.

Arsenio es un escarabajo pelotero negro como el betún y fuerte como un escarabajo pelotero que un día, disfrutando de una humeante y tibia montaña de heces bovinas se encuentra con Gloria, y el flechazo es inmediato. Si Gloria le corresponde juntos formarán una pasmosamente esférica bola de mierda que empujarán entre los dos hacia el atardecer hasta encontrar la porción de tierra adecuada donde enterrarla. Después de guardarla intiman, aunque a veces entran dentro de la misma bolita de caca para la reproducción.


Arsenio y Gloria y su bola de mierda. Foto de Axel Strauss.

Gloria dejará los huevos dentro de bolitas de mierda más pequeñas, para que las larvas puedan alimentarse y crecer sanas y fuertes, como solo una dieta rica en heces puede garantizar.


¡Hasta pronto! [left-sidebar]


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