Encontrar al compañero vital, parte 3

Esta es la parte 3. Lo normal es que provengas de la parte 2. Pero para ello también es recomendable que hayas leído la parte 1. Pero puedes hacer lo que te dé la gana, claro.

En la entrada anterior vimos cuáles son los factores principales que empujan a algunas personas, por otro lado capaces e inteligentes, a elegir un compañero para la vida inadecuado. A sumergirse, en definitiva, en las profundidades de una relación infeliz, absorbente e insatisfactoria. En una relación de mierda, vaya.

Al final de esa entrada dijimos que hay algunos perfiles de persona que tienen tendencia a meterse en este tipo de relaciones, y otros que directamente son los responsables de que las mismas sean, como decimos, una mierda. Así que continuamos por ese camino:
(Todos los perfiles poseen integrantes de todos los géneros identificados hasta el momento, pero yo los he descrito en masculino para hacer más fácil la redacción y para que el texto sea más llevadero y ameno)

El soñador romántico.

El error fundamental del soñador romántico es pensar que el amor es razón suficiente para decidir si alguien es el compañero vital correcto. Vamos a ver, el romanticismo es una parte importante de una relación, y el amor, que con el tiempo se convierte en apego, es clave en las parejas de larga duración. Pero sin un puñado de otras cosas importantes, sencillamente no es suficiente.

Los seres humanos tenemos una vocecilla interior que nos dice cuándo algo no va del todo bien o, al menos, cuándo podría ir mejor. El soñador romántico ignora la vocecilla que intenta gritar cuando la pareja discute constantemente, o cuando se siente mucho más infeliz que cuando no tenía pareja. Ignora la vocecilla con pensamientos del tipo todo pasa por una razón y la forma en que nos conocimos no pudo ser una coincidencia o estoy completamente enamorado de mi pareja, y eso es lo que importa. Una vez que el soñador romántico crea haber encontrado compañero vital dejará de preguntarse cosas y se anclará a ese tipo de pensamientos a lo largo de esos 50 años de relación infeliz.

La clave es que el soñador romántico no puede ver la realidad desde un punto de vista que no involucre al amor. Y desde fuera de la relación, el resto de personas flipa con el hecho de que el soñador romántico continúe en esa relación que puede llegar a ser abusiva.

El detective huelebraguetas.

También llamado Sherlock, es enérgico y atosigante. Deja poco espacio a su compañero, se inmiscuye en cosas que no requieren de su asistencia y no puede darse cuenta de cuándo sobra.

Las relaciones se establecen en la confianza, la intimidad y la comunicación mutua. Pero también suele ser clave que cada integrante tenga su espacio, sus propias aficiones o un círculo de amigos independiente de la pareja. El detective puede llegar incluso a coger el móvil de la pareja, sin su permiso por supuesto, para ver con quién intercambia mensajes, cuál es el historial de Internet o las fotos que tenga guardadas. Lo que busca el detective es alguien con quien intensificar hasta el extremo la experiencia de tener una pareja, pero suele fracasar precisamente porque poca es la gente dispuesta a desestimar tan profundamente la oportunidad de tener intimidad personal.

El miedoso apresurado.

El miedo es el peor compañero de viaje, si no para todo, si al menos para elegir o buscar compañero vital. El miedo empieza a infectar a la gente, por lo demás racional, a veces tan temprano como a mediados de los veinte años. Los tipos de miedo que nuestro entorno (sociedad suena demasiado grandilocuente) nos inocula son los tipos de miedo que nos llevan a estancarnos en una relación no demasiado buena: miedo a ser el último soltero del grupo de amigos, miedo a ser un padre demasiado mayor o, a veces, sólo miedo a ser juzgado o a ser la comidilla de las conversaciones.

A veces, por tanto, alguien puede establecerse en una relación infeliz por estar en una situación de seguridad respecto a esos miedos. Sin embargo, es natural pensar que el único miedo racional que deberíamos tener es el miedo a pasar los dos últimos tercios de nuestra vida tristes, con la persona equivocada. Que es exactamente a lo que se arriesgan los cobardes cuando centran la búsqueda de compañero vital en la extinción de miedos irracionales. Es algo así como lo del pan para hoy, hambre para mañana. Es decir, salgo con este gilipollas para que no piensen que soy rarito, pero me va a hacer infeliz porque es un gilipollas.

La marioneta de paja.

La marioneta de paja deja que otras personas interfieran en su elección de pareja vital. Esa elección es profundamente personal, enormemente complicada, diferente para cada uno y casi imposible de entender desde el exterior, sin importar lo bien que conozcas a alguien. Por tanto, no hay lugar para las opiniones y preferencias de otras personas. Salvo, claro está, en los casos en los que haya maltrato o abuso dentro de la relación.

La marioneta de paja puede llegar a terminar una relación con la que podría haber sido la pareja vital adecuada por desaprobación externa o por un factor que no ve importante (raza, religión, ideología y esas cosas) pero que su entorno, en cambio, sí. La marioneta se adapta a lo que su entorno le diga para evitar problemas que percibe como mayores.

Sin embargo, también puede suceder de forma contraria. Todo el entorno de la marioneta está entusiasmado con su relación porque parece ser fantástica desde el exterior y, aunque desde dentro sea una auténtica mierda, la marioneta de paja hace más caso a los demás que a la evidencia y mantiene esa relación equivocada.

El superficial selectivo.

Cuando elige pareja, el superficial selectivo debe antes marcar algunas casillas acerca del posible compañero. Cosas como la altura, el prestigio laboral, el nivel adquisitivo, logros o tal vez la procedencia o tener un talento específico. Le preocupa mucho más la descripción externa de su pareja que la naturaleza y calidez del corazoncito que tiene entre las tiernas vísceras.

Ser selectivo es bueno, es una de las ideas centrales de la parte 2. Hay que elegir bien, y todo el mundo tiene algunas casillas que le gustaría marcar cuando elige, pero una persona arrastrada por el ego prioriza apariencia y currículum, incluso por encima de la calidad de la conexión con la pareja a la hora de sopesar cosas importantes para la misma.

Con el paso del tiempo, el superficial selectivo suele acabar dándose cuenta de que para que la relación prospere es importante que tenga chicha, y esta no se consigue con una enumeración de los logros sociales, económicos o intelectuales de la pareja. Una relación que ha sido construida bajo esos términos suele terminar desapegándose, y con sus miembros cada vez más separados a medida que pasa el tiempo.

El líder indiscutido.

Como vemos, indiscutido, no indiscutible. Es un déspota, un dictador que impone como dogma su visión y su ideario. Busca una relación, pero simplemente para tener a alguien a quien doblegar a su gusto. Suele ser el perfil que termina recurriendo al maltrato en cualquiera de sus dimensiones. Irónicamente, dispone de los recursos necesarios para hacer creer a su pareja, o víctima, que es el compañero para la vida adecuado.

Dentro de todos los perfiles tratados en esta entrada, es el peor con el que encontrarse y el que más infeliz hace, de lejos, a su pareja. Las relaciones en las que el líder indiscutido penetra pueden acabar en tragedia, en el peor de los casos, o en una ruptura esperanzadora para la pareja que por desgracia suele dejar una huella casi imborrable, en el mejor.

El egoísta desconsiderado.

Los egoístas vienen en tres variedades que pueden superponerse, dependiendo de las condiciones de fábrica.

El a mi manera o carretera no puede soportar el sacrificio o el compromiso. Cree que sus necesidades son más importantes que las del otro, y necesita salirse con la suya en cada gran decisión. No quiere una relación legítima, quiere mantener la soltería y tener a alguien que le acompañe. En el mejor de los casos esta clase de persona termina con otra muy fácil de tratar, y en el peor, con un pusilánime con serios problemas de autoestima.

El trágico defecto del protagonista es estar demasiado ensimismado en sí mismo. Quiere alguien que le sirva de terapeuta y de fan número uno, pero generalmente no le interesa devolver el favor. Cada noche, él y su pareja se cuentan cómo ha ido el día, pero el 90% de la conversación se centra en el día del protagonista. Incapaz de escapar de su mundo personal, suele terminar con un secuaz unidimensional a su lado como compañero para la vida, dando como resultado una pareja con la que es muy aburrido salir a cenar o a cazar ballenas.

El necesitado, por su parte, convierte la cobertura de necesidades en el pilar maestro que sostiene la elección de compañero. Necesidades como ella cocina para mí, él será un gran padre, ella es rica, él será un gran esposo, ella me mantiene organizado, él es genial en la cama… Todo el mundo tiene necesidades y a todo el mundo le gusta que esas necesidades se cubran, pero los problemas pueden aparecer a la larga si esa cobertura se convierte en, como decimos, el pilar fundamental de la elección. Si se cubren las necesidades, eso son beneficios de la relación. Pero beneficios y nada más. Después de un año de relación, cuando el necesitado se haya acostumbrado a tener sus necesidades cubiertas, será mejor que la relación se sustente en otras cosas o el futuro será nefasto.

La víctima desamparada.

Todo es una amenaza para la víctima desamparada. Siempre entiende la acepción negativa de una frase neutra, ve insultos en cualquier valoración y sobrevalora la conducta de su pareja dándole, por supuesto, un tinte negativo. Su elección de compañero para la vida se fundamenta en encontrar a alguien que minimice ese sentimiento infundado, pero probablemente estemos hablando del perfil que más difícilmente encuentra pareja. Es destructivo, poco empático y tiene dificultades para regular sus emociones, lo que hace que sea una pareja que quema muy rápido al otro.



La razón principal por la que estos tipos de persona (entre otros) terminan en o fabrican relaciones infelices es porque la motivación que les mueve y les consume no tiene en cuenta lo que una relación vital es en realidad. No pueden ver lo que hace que una buena relación para la vida sea feliz.

Así pues, ¿qué hace que una relación vital sea feliz? La respuesta es obvia, pero la veremos en la parte 4, que esta entrada ya es muy larga, leñe. ¡Aquí está la parte 4!


¡Hasta pronto!






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